Ayer me topé con esto en el estante de los embutidos del Alcampo de Alcalá de Henares:

Entré en el pasillo por curiosidad, al ver que los clientes del pasillo se paraban unos instantes, miraban a un sitio concreto, y salían despavoridos empujando su carrito.

No me costó encontrar el paquete. Al fin y al cabo, me saludó amablemente cuando llegué a su altura.